Gestión pasiva de carteras: ¿tan sencilla como parece?

Muchos inversores no tienen claro qué significa realmente la gestión pasiva de carteras. Uno de los malentendidos más habituales es la creencia de que pasivo significa que no se toman decisiones activas de inversión, pero en este caso dicha palabra contiene muchos más matices de lo que se podría esperar y, en consecuencia, también los tiene este estilo de inversión, por ello no es tan fácil de llevar a la práctica.

¿Qué es la gestión pasiva de carteras?

Antes de analizar las ventajas o inconvenientes de la gestión pasiva de carteras, es indispensable definirla con claridad. En primer lugar, consideremos para este propósito un estilo de inversión aparentemente antitético: la gestión activa de carteras. Para acometer las inversiones en función de esta estrategia, el gestor de inversiones compra o vende títulos con la intención de superar el rendimiento de un determinado índice de referencia.

Por su parte, en la gestión pasiva los inversores tratan de igualar lo máximo posible la evolución de dicho índice. Por supuesto, como veremos en breve, estas definiciones no siempre son tan precisas; de hecho, optar por una estrategia pasiva para seguir un determinado índice es, en sí mismo, una decisión muy activa, por no hablar de otras consideraciones que hay que tener en cuenta a la hora de invertir «pasivamente»: ¿Seguir un índice bursátil o uno de renta fija? ¿Un índice centrado en su país o de ámbito internacional? ¿Cómo debe modificar su cartera si sus objetivos cambian con el tiempo?

Toda gestión pasiva de carteras comienza, al menos, con una decisión activa que debe analizarse con sumo cuidado y que seguramente se puede afrontar mejor con la asistencia del asesoramiento financiero adecuado.

Gestión pasiva de carteras: ¿cuáles son sus ventajas?

La hipótesis de partida es sencilla: mejorar el rendimiento de un índice es complicado, así que es mejor invertir de forma pasiva y esperar. Muchas veces los inversores ponen en marcha este planteamiento mediante la selección de un fondo u otro instrumento financiero. A largo plazo sus inversiones obtendrán una rentabilidad muy parecida a la del índice elegido y cabe esperar un resultado mejor que si se hubiera optado por una estrategia activa, en principio más proclive a provocar errores, por lo que habrían obtenido un rendimiento inferior al del índice de referencia. Además, las comisiones vinculadas a la gestión pasiva de carteras pueden ser más económicas que las de gestión activa, lo que repercute positivamente en el resultado final. 

Gestión pasiva de carteras: ¿cuál es la realidad?

Nuestra experiencia en el sector nos ha enseñado que son pocos los que consiguen mantener este estilo de inversión durante el tiempo requerido para conseguir los beneficios que se esperan y ver de verdad cómo funciona esta estrategia de «manos quietas».

¿Por qué a la gente le cuesta tanto mantener la disciplina en la gestión pasiva de carteras? Para empezar, porque comprar y vender es muy sencillo y, aunque la liquidez viene bien en las circunstancias adecuadas, para el inversor particular podría ser su perdición, ya que le llevaría a negociar activamente con los títulos, lo que va en contra de sus propios intereses si está siguiendo una estrategia de gestión pasiva integral.

Es posible que el inversor tenga una fuerte determinación para mantener la disciplina en la estrategia pasiva al principio, pero es muy difícil evitar la tentación de vender cuando el mercado está cayendo, una forma de actuar que potencialmente significaría perderse las ganancias del siguiente mercado alcista. Igualmente, puede ser realmente difícil para los inversores no sucumbir a la excitación que produce un sector que se pone de moda, como por ejemplo ocurrió con las tecnológicas a finales de los años noventa. Es muy fácil dejarse llevar por los espejismos. Imagine a un inversor que sigue un estilo pasivo de inversión, pero decide cambiar su amplio e internacional índice de referencia por uno que representa al sector «del momento». Se pueden cambiar las tornas de repente y, si ese sector en concreto se desploma, el riesgo de sufrir más volatilidad sería mucho mayor que si se siguiera un índice más amplio. En el largo plazo, la consecuencia puede ser que no se alcancen los objetivos financieros deseados.

En resumen, los inversores pasivos pueden acabar tomando decisiones activas cuando cambian los índices que siguen o intentan comprar y vender según las circunstancias del mercado. Tomar una mala decisión de compraventa puede significar que la cartera se quede muy atrás con respecto al mercado. Esto no sería un problema si los inversores pasivos pudieran mantenerse realmente así, pasivos, pero el problema es que los inversores son humanos y frecuentemente actúan y reaccionan de forma emocional.

Intentar resistir la tentación es ignorar cómo funciona la psicología humana. Desde nuestro punto de vista, la mejor manera de evitar tomar decisiones emocionales, ya sea por avaricia o por la incertidumbre que provoca la volatilidad, es buscar ayuda de profesionales con experiencia para que le orienten en medio de tanto ruido mediático y le ayuden a mantener la disciplina en todo momento. Por desgracia, aun así no siempre es fácil mantener la constancia.

Todo el mundo piensa que es diferente

Pensar que uno es diferente a los demás inversores es muy habitual. Usted podría creer que mantendrá la dirección en su estrategia pasiva mientras que para otros será imposible. No obstante, la realidad es que todo el mundo piensa igual. La empresa de investigación de mercados DALBAR publica cada año un estudio llamado «Análisis cuantitativo del comportamiento de los inversores» –QAIB, por sus siglas en inglés–, en el que compara el rendimiento de las acciones y los bonos con el del inversor de fondos de inversión medio durante los últimos 25 años. Aunque este estudio se haya realizado en base a inversores estadounidenses, en nuestra opinión las conclusiones son universales. El QAIB con fecha 31 de diciembre de 2017 señala lo siguiente:

«Los datos reflejan que el inversor medio de fondos de inversión no ha permanecido invertido el tiempo suficiente que se requiere para desplegar una estrategia de inversión a largo plazo. De hecho, solo mantienen su cartera durante algunos periodos de todo el ciclo bursátil».

¿Cuál es la principal razón? Según QAIB, se debe a «factores psicológicos» que dan lugar a malas decisiones de compraventa. Ya sea aversión al riesgo o un optimismo desproporcionado, la naturaleza emocional del ser humano no permite prolongar una inversión en el largo plazo.

Fisher Investments puede ayudarle a analizar su cartera y a que mantenga la disciplina

Fisher Investments España puede analizar detalladamente su cartera de inversión, dándole el asesoramiento financiero que necesite. Las cuestiones en las que nos centramos incluyen el análisis de si sus decisiones de inversión y asignación de activos son las adecuadas para alcanzar sus objetivos financieros a largo plazo y sus futuras necesidades de rentas y si hay alguna incoherencia en los activos subyacentes de su cartera. Asimismo, realizamos un análisis pormenorizado de su estrategia de inversión para darle una solución personalizada adecuada a sus intereses.

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Invertir en los mercados implica un riesgo de pérdida y no existe garantía de que todo o parte del capital invertido sea reembolsado. Rendimientos pasados no garantizan ni predicen de manera fiable rendimientos futuros. El valor de las inversiones y los ingresos procedentes de las mismas están sometidos a la fluctuación de los mercados bursátiles mundiales y de los tipos de cambio internacionales.